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Diferencia de libido: ¿de verdad son incompatibles?
La mayoría de quienes buscan esto están tratando de tomar una decisión. Las primeras respuestas que encuentran en internet son jurídicas. Pero la pregunta no es jurídica, y la respuesta está en otro sitio.
Las diferencias de deseo son la distancia entre cuánto desean dos personas, o entre cómo les llega el deseo. Casi todas las parejas tienen algo de eso y, por sí solo, no indica incompatibilidad. El problema suele venir de cómo se habla del tema.
¿Por qué estás buscando esto?
La mayoría de quienes llegan aquí no lo hacen por curiosidad. Están sopesando algo que dura ya un tiempo y quieren saber una cosa: ¿esto mejora, o estoy perdiendo el tiempo?
Si lo buscas, las primeras respuestas suelen ser jurídicas. Pueden ser correctas en su terreno, pero no responden a tu pregunta. En realidad no buscas información legal; intentas entender si una situación puede cambiar.
¿Es incompatibilidad o es una diferencia?
Dos personas nunca desean exactamente en la misma medida. Esa es la regla, no la excepción. Toda pareja tiene una distancia; en unas es pequeña y en otras, evidente.
“Somos incompatibles” no es una observación. Es una interpretación: el significado que se le pone a esa distancia después de verla. Y ese significado suele ser uno de dos: “no me desea” o “se me está pidiendo algo todo el rato”. Los dos duelen y los dos suelen ser falsos.
Desde la consulta, detrás de una diferencia de deseo suele haber varias cosas: el cansancio y un reparto desigual de la carga, rencores sin resolver, incomodidad con el propio cuerpo, ansiedad (por ejemplo, la ansiedad por el rendimiento ligada a la eyaculación precoz), cambios de etapa vital, o simplemente una diferencia en cómo llega el deseo.
Señales de incompatibilidad sexual
Buena parte de lo que se suele llamar señales de incompatibilidad sexual no es la diferencia en sí, sino los patrones que se forman a su alrededor. Estos son frecuentes:
- Uno de los dos quiere tener relaciones con mucha más frecuencia y el otro vive esa frecuencia como presión.
- Los acercamientos se vuelven escasos o desaparecen.
- Alguien lleva la cuenta, en silencio, del tiempo que ha pasado.
- También se apaga el contacto no sexual, un abrazo o una caricia, porque se interpreta como el inicio de una expectativa.
- Cada conversación sobre el tema termina con las mismas frases y en el mismo punto.
- Uno se siente no deseado; el otro, en deuda.
Nada de esto, por sí solo, significa que estés con la persona equivocada. A veces la situación no viene de una diferencia de deseo, sino de otra cosa: un estrés prolongado, una pérdida, los meses después de un parto, un problema físico o una herida no hablada en la relación. Si el sexo lleva meses completamente parado, la guía sobre la relación sin sexo puede ser un mejor punto de partida.
¿De cuántas maneras funciona el deseo?
El deseo funciona de dos maneras distintas; es una distinción que casi ninguna pareja ha escuchado y que, cuando la escucha, coloca muchas cosas en su sitio.
A algunas personas el deseo les llega de forma espontánea. Aparece sin una causa concreta, se siente en el cuerpo y después se busca la cercanía. El orden es: primero el deseo, después el contacto.
A otras personas el deseo les llega como respuesta. Casi nunca aparece solo; pero una vez que empieza la cercanía, si el ambiente es seguro y no hay presión, surge. El orden se invierte: primero el contacto, después el deseo.
Las dos formas son corrientes. El lío empieza cuando en una pareja hay una de cada y ninguno de los dos lo sabe. Quien tiene deseo espontáneo concluye que la otra persona nunca le desea. Quien lo tiene como respuesta concluye que algo funciona mal en él, porque “no me sale de dentro”.
Es decir: había una diferencia de deseo; unos meses después hay un problema de comunicación. Y casi siempre se ve tarde.
El ciclo de insistir y evitar
El bucle de la nota anterior tiene nombre: el ciclo de insistir y evitar. Quien tiene más deseo busca la cercanía, pregunta, saca el tema. Quien tiene menos lo vive como presión y se retira un poco. Esa retirada aumenta la ansiedad de quien insiste, que entonces insiste más. Y cuanto más se insiste, más se evita.
Lo difícil es que cada uno ve su conducta como una reacción a la del otro. “Pregunto porque evitas” y “evito porque preguntas” son los dos extremos del mismo bucle. Buscar al culpable lo alimenta. Una pregunta más útil es: ¿cómo nos atrapa este ciclo a los dos y cómo salimos juntos de él?
¿Esto rompe relaciones de verdad?
Con honestidad: a veces sí, pero no por el motivo que piensas.
Lo que desgasta una relación no es el tamaño de la distancia. Es lo que se acumula alrededor: el rencor no dicho, una sensación permanente de rechazo, una sensación permanente de que te piden algo, y que los dos se pongan a la defensiva cada vez que sale el tema.
La distancia se puede gestionar; lo acumulado, si se deja estar, erosiona.
La parte buena: lo que erosiona es justo la parte de la que se puede hablar. No hace falta eliminar la diferencia, que además no es posible.
¿Distancia o acumulación? Piensa en los últimos tres meses.
- Cuando sale el tema, uno de los dos o los dos nos ponemos a la defensiva.
- He dejado de acercarme para no llevarme un no.
- Me alejo de la situación para no tener que decir que no.
- No recuerdo la última vez que lo hablamos con calma.
- Llevo dentro un rencor sobre esto que no he dicho en voz alta.
- Cuando la cercanía empieza, en realidad va bien; el problema es llegar hasta ahí.
Si has marcado la última, merece atención: si las cosas van bien una vez que empieza la cercanía, puede que no haya incompatibilidad sino un deseo que llega como respuesta.
¿Qué ayuda?
- Deja de hablar de la diferencia como si fuera un defecto
“¿Por qué nunca quieres?” y “¿por qué quieres siempre?” cometen el mismo error: tratan la distancia como el defecto de una persona. La distancia está entre dos, no dentro de uno.
- Habla del tema fuera del dormitorio
Las conversaciones sobre sexo no deberían ocurrir donde y cuando ocurre el sexo. En ese momento cada frase aterriza como una propuesta o como un rechazo. Caminando, en el coche, lado a lado y sin mirarse a los ojos, es mucho más fácil.
- Haz que el “no” sea seguro
Suena al revés, pero funciona así: cuando decir que no es libre y no tiene consecuencias, a la gente le resulta más fácil decir que sí. Si un “no” se convierte en enfado, la otra persona acabará evitando la situación por completo. Hay además una parte que no se negocia: el derecho a decir que no vale en cualquier circunstancia. Convencer, insistir o acercarse por la culpa no son tácticas de negociación; donde no hay consentimiento, no se continúa.
- Separa la cercanía de la penetración
Dar por hecho que cada caricia tiene que llevar a algo es lo que vuelve arriesgada la caricia misma. Quita el resultado esperado y la cercanía puede volver a empezar, que es justo lo que necesita el deseo que llega como respuesta.
- Mira cómo está repartida la carga
El deseo baja con el agotamiento. En las relaciones donde las tareas de casa, el cuidado de los hijos y la carga mental están mal repartidos, quien tiene menos deseo muchas veces no tiene ningún problema sexual. Está cansado.
Si tienes más deseo que tu pareja
Un rechazo casi nunca se vive solo como una decepción sexual. Suele tocar algo más hondo: no me desea, no le atraigo, no me quiere. Ese sentimiento merece tomarse en serio, pero dirigirlo hacia tu pareja como si te debiera algo acelera el ciclo. La guía sobre rechazo e inseguridad sexual lo trata con más detalle.
Lo que puede ayudar: escuchar un “no” como la respuesta a ese momento y no como un veredicto sobre ti o sobre la relación; decir lo que quieres hablando de lo que sientes, sin reproches; y cuidar la cercanía no sexual como algo valioso en sí mismo, no como un camino hacia el sexo. Y hay que decirlo con claridad: nadie le debe sexo a nadie. Que tu deseo sea legítimo no significa que tu pareja tenga que satisfacerlo.
Si tienes menos deseo
De este lado, la culpa y la presión suelen llegar juntas: algo falla en mí, estoy haciendo infeliz a mi pareja, algún día se irá. Esos sentimientos no aumentan el deseo; lo reducen. Puedes tener poco deseo sin que haya nada roto en ti.
Lo que puede ayudar: observar en qué condiciones aparece o desaparece tu deseo (cansancio, rencor, falta de tiempo, cómo te sientes con tu cuerpo); si tu deseo suele llegar como respuesta, contárselo a tu pareja; y, en lugar de evitar, poner tu límite con una frase como “ahora no, pero no es que no te desee”. Nunca tienes que hacer algo que no quieres hacer. Si quieres entender mejor por qué baja el deseo, la guía sobre bajo deseo sexual está pensada para ti si tienes menos deseo y quieres conocer sus causas.
Preguntas para hablarlo juntos
Respondan por escrito las preguntas de abajo, cada uno por su lado y sin ver las respuestas del otro. Después, en un momento tranquilo y fuera del dormitorio, compárenlas. No se trata de averiguar quién tiene razón, sino de ver cómo vive cada uno la diferencia.
- ¿En qué momentos siento más deseo y cercanía contigo?
- ¿En qué condiciones suele aparecer mi deseo y en cuáles desaparece?
- ¿Qué es lo primero que siento cuando sale este tema?
- ¿Qué tipo de contacto no sexual me sienta bien?
- Cuando escucho o digo un “no”, ¿cómo lo interpreto?
- ¿Hay algo sobre esto que creo que no sabes?
- ¿Qué pequeño cambio podríamos probar durante el próximo mes?
Si al compararlas se pone difícil, paren; dejar una conversación a medias es mejor que convertirla en una pelea. Que las respuestas no coincidan no es un fracaso: es justo el material de la conversación.
Lo que una página no puede hacer después
Lo anterior explica de dónde viene la diferencia y qué ayuda. La parte difícil no es la información: es tener la conversación sin que ninguno de los dos se ponga a la defensiva. La mayoría de las parejas lo intenta una vez, se convierte en discusión en la primera frase y no vuelven a intentarlo.
En Couples Wellness: Blisswell esto se trabaja de forma estructurada: los dos responden las mismas preguntas desde su propio teléfono, sin verse la cara, y después las respuestas se ponen una al lado de la otra. Empieza la conversación por la mitad, y no por el punto más difícil.
¿Cuándo conviene consultar con un profesional?
El trabajo de autoayuda acompaña. Es mejor consultar con un profesional (un psicólogo clínico o un especialista que trabaje en salud sexual) cuando hay dolor durante las relaciones, cuando la situación lleva meses y genera un malestar marcado en cualquiera de los dos, cuando una experiencia difícil del pasado lo hace más pesado, o cuando sacar el tema termina siempre en una tensión seria.
Cuando el deseo ha cambiado de forma marcada en poco tiempo, conviene que un servicio de salud valore primero si hay una razón física.
Preguntas frecuentes
Mi pareja tiene más deseo sexual que yo, ¿qué hago?
Empieza por tratar la diferencia como algo que está entre los dos y no como un defecto de ninguno. Habla del tema fuera del dormitorio, di lo que necesitas sin disculparte y pon tus límites con claridad en lugar de evitar toda cercanía. No le debes sexo a nadie. Un “no” sin consecuencias y la cercanía no sexual suelen facilitar la conversación.
Mi pareja quiere tener relaciones y yo no, ¿es normal?
Es frecuente. Casi ninguna pareja desea en la misma medida ni en el mismo momento, y tener menos deseo no significa que algo funcione mal en ti. Se vuelve un problema cuando la diferencia se convierte en presión, culpa o evitación. Si tu deseo ha cambiado mucho en poco tiempo o te genera malestar, conviene consultar con un profesional de la salud.
¿Existe la incompatibilidad sexual?
Puede existir, pero es menos frecuente de lo que se cree. Muchas parejas que se sienten incompatibles tienen en realidad una diferencia de deseo de la que no hablan, o dos formas distintas de vivir el deseo: una espontánea y otra que llega como respuesta. Antes de llegar a esa conclusión, merece la pena ver si lo que desgasta es la diferencia o lo acumulado a su alrededor.
¿Cuáles son las señales de incompatibilidad sexual?
Algunas señales frecuentes: uno de los dos quiere relaciones con mucha más frecuencia, los acercamientos se vuelven escasos, se apaga también el contacto no sexual, la misma discusión se repite cada vez que sale el tema y uno se siente no deseado mientras el otro se siente en deuda. Ninguna demuestra por sí sola una incompatibilidad; el estrés o una causa física pueden dar una situación parecida.
¿Cómo manejar las diferencias de deseo en la pareja?
Normalmente el trabajo no consiste en cerrar la distancia, sino en cómo se maneja: hablarla sin reproches, hacer que el “no” sea seguro, separar la cercanía de un resultado esperado y mirar cómo está repartida la carga en casa. Responder las mismas preguntas por separado y luego compararlas puede ayudar a empezar. La insistencia y la presión no forman parte de esto.
¿Tiene sentido intentar convencer a quien no quiere?
No. Convencer, insistir y acercarse por la culpa no son tácticas de negociación; que tu pareja no quiera es una respuesta suficiente en sí misma. Además, en la práctica sale al revés: donde decir que no tiene consecuencias, la gente acaba evitando la situación por completo.
Si la diferencia no se cierra, ¿puede funcionar la relación?
Cerrar la distancia no es el objetivo y normalmente no es posible. El trabajo no está en el tamaño de la diferencia, sino en poder hablarla sin culpar y en separar la cercanía de un resultado esperado.
¿Las diferencias de deseo son causa de divorcio?
Planteada como pregunta jurídica, la respuesta depende del país y del caso concreto, y requiere un abogado. Desde la psicología, la diferencia de deseo en sí misma rara vez es lo que termina con una relación. Lo que la termina suele ser el rencor no dicho que se acumula alrededor, la sensación permanente de rechazo y que el tema se vuelva imposible de sacar.
Fuentes
- NHS. Low sex drive (loss of libido). www.nhs.uk se abre en una pestaña nueva
- Cleveland Clinic. Low Libido (Low Sex Drive). my.clevelandclinic.org se abre en una pestaña nueva
- ACOG. Your Sexual Health. www.acog.org se abre en una pestaña nueva
- American Psychological Association. Relationships. www.apa.org se abre en una pestaña nueva